Como Salir de una Sociedad de Capital al Menor Coste Posible sin Morir en el Intento | Pascual López

Como Salir de una Sociedad de Capital al Menor Coste Posible sin Morir en el Intento

Hola a todos:

Desde hace algún tiempo, vengo encontrándome con casuística diversa en las distintas sociedades de capital que estudio y analizo y con las que me enfrento en mi día a día, sobre todo en lo que a su composición accionarial se refiere y en su relación directa con la sociedad.

Ni que decir tiene, cuando todo rueda viento en popa, salvo caso excepcional, nadie suele plantearse su salida de una sociedad de capital, todo lo contrario, el socio minoritario intenta ampliar su participación en la misma, e incluso intenta controlarla para tratar de imponer sus propias decisiones.

Pero, ¿Qué ocurre si en algún momento me planteo abandonar la sociedad porque no cubre las expectativas presupuestadas inicialmente o por cualquier otro motivo?

Pues en este caso abordaremos varios escenarios y errores que suelen darse comúnmente de capital importancia en el supuesto de una posterior salida de la sociedad.

Si pretendo formar parte del accionariado de una sociedad en la que voy a ser socio minoritario, sería importante que protegiera mis intereses reservando el derecho a separarme en determinados casos, pues de lo contrario los socios mayoritarios podrían imponer su criterio.

Por poner un ejemplo, los socios mayoritarios podrían acordar ampliaciones de capital, de manera que si el minoritario no puede o no quiere acudir a dichas aplicaciones, verían reducido su porcentaje de participación en la sociedad, podrían acordar no repartir dividendos, etc.

Como vengo observando, la mayoría de las sociedades de capital suelen adoptar unos estatutos tipo, normalmente los que proponen en notaría, sin pactar mayorías reforzadas para determinados tipos de acuerdo, obviando la adopción de derechos de separación en determinados supuestos adicionales a los que la Ley prevé y método de valoración de las participaciones del socio que se separa.

El hecho de no remarcar bien estos aspectos en un momento inicial, suele conllevar problemas a futuro, cuando las relaciones entre los socios partícipes comienzan a deteriorarse o no se llegan a cubrir las expectativas generadas.

Pero, ¿cómo debemos actuar, en la mayoría de supuestos en los que el socio quiere marcharse de la compañía y no se ha pactado ningún derecho de separación?

Bueno, en este caso el socio pondría a la venta sus participaciones y analizaría la repercusión fiscal derivada de la venta.

En la mayoría de los casos donde me encuentro con esta tesitura, los restantes socios suelen proponer que sea la propia empresa la que adquiera las participaciones del socio que quiere vender, puesto que normalmente es la sociedad la que dispone de los fondos suficientes para ello.

Cuando una empresa adquiere sus propias participaciones, suele ser lo habitual (salvo determinados supuestos) que inmediatamente las amortice. Como pueden observar he dejado dentro de paréntesis (salvo determinados supuestos) pues la LSC en su artículo 140 viene a regular todos supuestos en los que únicamente se podrían adquirir participaciones propias por parte de una sociedad de responsabilidad limitada, siendo nulas de pleno derecho las adquisiciones efectuadas fuera de estos supuestos.

La Ley del IRPF vigente hasta 31 de diciembre de 2014 establecía que el importe obtenido por los socios como consecuencia de la realización de estas operaciones suponía una minoración del valor de adquisición de las acciones o participaciones de las que las mismas trajeran causa, hasta su anulación. En caso de que este importe fuera superior al valor de adquisición a efectos fiscales, el exceso se consideraba rendimiento del capital mobiliario. En este análisis, no se tomaban en consideración los posibles beneficios que la sociedad hubiera generado durante el periodo de tenencia de la participación.

A estos efectos, la nueva redacción de los artículos 25.1.e) y 33.3.a) de la Ley del IRPF dada por la Ley 26/2014 supone la inclusión, en estos artículos, de sendos apartados en los que se califica como rendimiento del capital mobiliario la cantidad entregada a los socios (bien como prima, bien como devolución de aportaciones derivadas de la reducción de capital), con el límite de la diferencia positiva entre los fondos propios de la sociedad correspondientes al último ejercicio cerrado y el valor de adquisición del socio.

Por tanto, queda claro que, en supuestos de separación de socios, si la empresa adquiere sus propias participaciones para amortizarlas inmediatamente, a efectos fiscales se consideraría que el socio debería declarar las rentas obtenidas como procedentes de una reducción de capital, calificándose por tanto como rendimientos de capital mobiliario y no como una ganancia patrimonial derivada de la transmisión de participaciones sociales.

A simple vista, podríamos pensar que la repercusión fiscal sería la misma tanto si se califica la renta obtenida como rendimiento de capital mobiliario o como ganancia patrimonial, pues tributaríamos en la base del ahorro del IRPF a los mismos tipos, pero ya veremos que esto no es así realmente y tiene sus matices.

Cabe recordar, que hasta el pasado año 2015, las pérdidas patrimoniales no podían compensarse con rendimientos de capital mobiliario y que con la modificación normativa operada por la Ley 26/2014 del Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas, se nos permite compensar parcialmente en 2015 pérdidas patrimoniales con rendimientos de capital mobiliario con el límite del 10% de dicho rendimiento, pasando al 15% en 2016, al 20% en 2017 y al 25% a partir de 2018.

Por tanto, todo aquel contribuyente que haya obtenido pérdidas patrimoniales a compensar en los 4 años siguientes, podría ver limitada la compensación de estas pérdidas con los rendimientos obtenidos por su separación de la sociedad, siendo este un factor importante a tener en cuenta, al igual que el de los coeficientes de abatimiento para los supuestos en los que hubiera adquirido las participaciones sociales con anterioridad al 31 de diciembre de 1994, no pudiéndose aplicar a los rendimientos obtenidos.

También y como colofón, debemos de tener en cuenta que a los respectivos rendimientos de capital mobiliario se le practicaría la correspondiente retención, con el coste de oportunidad que ello conllevaría para el socio separado.

Para evitar la calificación de las rentas obtenidas como capital mobiliario podríamos estar ante varios supuestos:

1.- Que sean los propios socios los que compren directamente las participaciones sociales.

2.- Que sea la sociedad adquiera sus propias participaciones dentro de los supuestos propugnados en el artículo 140 de la LSC, a excepción del supuesto más usual de adquisición de participaciones propias en ejecución de un acuerdo de reducción del capital adoptado por la junta general.

Recientemente, una compañía malagueña me planteaba esta tesitura ante la imposibilidad por parte de los socios de adquirir las participaciones sociales a título particular, pues era la propia sociedad la que disponía de los fondos suficientes para hacerlo, pero a la vez pretendían no perjudicar fiscalmente al socio separado por este concepto.

Pues bien, el artículo 140 de la LSC, apartado d) dice literalmente que una sociedad de responsabilidad limitada, podrá adquirir sus propias participaciones sociales: “d) Cuando la adquisición haya sido autorizada por la junta general, se efectúe con cargo a beneficios o reservas de libre disposición y tenga por objeto participaciones de un socio separado o excluido de la sociedad, participaciones que se adquieran como consecuencia de la aplicación de una cláusula restrictiva de la transmisión de las mismas, o participaciones transmitidas mortis causa”.

En definitiva, si conseguimos entrar en este supuesto que propugna la LSC, la sociedad adquirente no se vería avocada a la adquisición en acuerdo de reducción de capital y la renta obtenida por el socio separado se calificaría como ganancia patrimonial en lugar de rendimiento de capital mobiliario.

Pero, ¿cómo se debería plantear?

Pues bien, uno de los planteamientos que más me ha gustado de cuantos he visto, acorde con la situación actual por la que atraviesan muchas de las empresas españolas es el de creación de prestaciones accesorias no dinerarias consistentes en la prestación de servicios de los socios a favor de la sociedad con el propósito de asegurar la viabilidad de la misma.

Podría parecer una utopía, pero no lo es, pues en la actualidad, numerosísimas compañías han experimentado significativos descensos en las ventas, hecho este que ha propiciado que los principales interesados en la buena marcha de la compañía, esto es, sus socios, se hayan tenido que poner el mono de trabajo y prestar servicios accesorios efectuando tareas inherentes a las desarrolladas por el personal técnico de las áreas de marketing, ventas, diseño creativo, etc.

Este planteamiento se debería de acordar en Junta General y se debería de aprobar por la mayoría de los socios, pues necesariamente debería modificarse la redacción estatutaria relativa al capital social, incluyendo el establecimiento para los socios de las prestaciones accesorias acordadas.

Una vez aprobado, se efectuarían las comunicaciones preceptivas a los socios de los acuerdos alcanzados en Junta General, informando a los mismos del derecho de separación que asiste a los socios que hubieren votado en contra del acuerdo alcanzado, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 348 de la LSC.

Si el socio, en el plazo previsto para ello, comunica a la empresa el derecho de separación que le asiste previsto en el artículo 346 de la LSC tras la aprobación en Junta General de la creación de la obligación de realizar prestaciones accesorias por los socios a favor de la compañía, se procedería en nueva Junta General a autorizar la adquisición derivativa permitida por el artículo 140 de la LSC con cargo a reservas de libre disposición, tras el ejercicio del derecho de separación del socio.

Y después de todo lo descrito a lo largo de este post, muchos de vosotros os preguntaréis: ¿Qué ventajas conseguimos con todo esto?

PRIMERA:

Conseguimos que la operación tribute por la vía del artículo 37.1, e) de la LIRPF en lugar de por la del artículo 37.1, b), evitando de esta manera la aplicación forzada de los importes mínimos en el valor de transmisión. En mi opinión la sociedad debería de recabar informe previo de valoración a un experto independiente, al objeto de obtener una valoración actualizada de las participaciones de la compañía y blindar así el importe dado a la adquisición de las participaciones del socio separado.

SEGUNDA:

Conseguimos que la renta obtenida por el socio tribute como ganancia patrimonial en lugar de como rendimiento de capital mobiliario, obteniendo las ventajas para el socio separado comentadas a lo largo del presente post.

TERCERA:

Propiciamos que sea la propia compañía la que adquiera las participaciones del socio separado, evitando así que sean el resto de los socios a título particular quien adquieran las participaciones, pues normalmente la disponibilidad de fondos para la adquisición suele ser más rápida y menos traumática si se efectúa de esta forma.

CUARTA:

En sede de la sociedad, la devolución de las aportaciones realizadas por el socio que se separa, no tendría incidencia fiscal en el impuesto sobre sociedades.

QUINTA:

Al no reducir inminentemente capital la sociedad que adquiere las participaciones del socio separado con cargo a reservas de libre disposición, estaría difiriendo la tributación indirecta de la operación, en relación a la modalidad de Operaciones Societarias del ITPyAJD a la que si estaría sujeta la operación de reducción de capital inmediata.

SEXTA:

Animamos al resto de los socios a que se impliquen a través de las prestaciones accesorias aún más si cabe, en el proyecto empresarial en aras a asegurar la viabilidad empresarial.

A lo largo de mi trayectoria profesional, me he encontrado con un sinfín de supuestos que he tenido que ir analizando individualmente, pues cada sociedad de capital es un mundo.

Lo que se trata, en mi opinión, es de buscar una salida beneficiosa para todas las partes, que posibilite que todos los intervinientes queden meridianamente contentos, sabiendo que han obtenido el mayor rendimiento posible al menor coste fiscal, ante situaciones que en muchos de los casos que me encuentro últimamente, suelen ser traumáticas y suelen concluir dirimiéndose en un Juzgado.

Por tanto, la experiencia me dice, que nuestra labor técnica y mediadora a la hora de asesorar a nuestros clientes, se convierte hoy en día en un factor importantísimo en cuanto a la prevención de conflictos societarios que para nada conviene a la viabilidad futura de las compañías.

Recibid un cordial saludo,

 

Pascual López Villén

Economista.-

Twitter: @eco12_

Facebook: https://www.facebook.com/pascual.lopezvillen

1 Comentario | Leído 921 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

Una respuesta a “Como Salir de una Sociedad de Capital al Menor Coste Posible sin Morir en el Intento”

  1. Muy interesante el artículo, responde a una pregunta bastante común entre las personas que tenemos sociedades.

Enviar Comentario

*