La Planificación Sucesoria. Aspectos Esenciales a tener en cuenta | Pascual López

La Planificación Sucesoria. Aspectos Esenciales a tener en cuenta

Hola a todos:

Por medio del presente post vengo a enfatizar sobre lo que en mi opinión, todo titular de negocio, bien sea persona física, bien jurídica, debería de cuestionarse con la anticipación suficiente en relación a la planificación sucesoria, y que con demasiada frecuencia suele ser desencadenante de problemática.

Cuando analizamos la sucesión y continuidad en la empresa, debemos manejar un espectro de opciones que nos permitan adoptar las medidas adecuadas no solo a nivel fiscal, sino desde una amplia perspectiva en la que tendremos que analizar entre otros, aspectos mercantiles, jurídicos y contables.

Conceptos básicos en la planificación sucesoria tales como el “protocolo familiar”, en aras a controlar el cambio generacional en la empresa, pueden ser cruciales de cara a la resolución de conflictos, pues con frecuencia se piensa que el protocolo familiar solo es aplicable a grandes compañías, sin embargo, los problemas pueden surgir en cualquier tipo de negocio, con independencia del tamaño del mismo.

Empezaré por recalcar algunas cuestiones esenciales importantes a nivel fiscal, que deberemos conjugar con las modificaciones normativas obradas por la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto sobre Sociedades y el RDL 3/2016 a las que ya aludí en mi post anterior http://pascuallopez.blogcanalprofesional.es/importantes-novedades-fiscales-2017-aspectos-controvertidos-y-a-tener-en-cuenta-de-cara-al-cierre-contable-y-fiscal-2016/ partiendo de la base de que aspectos ligados a relaciones instrumentales en orden a la planificación sucesoria de la empresa familiar, se entiende que tienen que ser objeto de cobertura por los estados miembros tal y como propugna entre otros, la recomendación de la Unión Europea del año 1994.

Por tanto, en la planificación sucesoria, los impuestos que podrían ponerse de manifiesto serían:

 - Impuesto Sobre Sucesiones (al recibir bienes por herencia, los herederos deberán liquidar este impuesto).

 - Impuesto Sobre Donaciones (se debe liquidar por quien recibe una donación por actos intervivos).

 - IRPF (en donaciones intervivos el donante deberá computar en su declaración de IRPF la diferencia entre valor de adquisición y valor atribuido en la donación).

 - Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (se aplica sobre los inmuebles transmitidos por donación o herencia) y se trata de un tributo potestativo de cada ayuntamiento. Solo sería aplicable sobre los terrenos urbanos, no sobre los rústicos.

Aunque a simple vista, podríamos asustarnos al observar el nutrido listado de tributos que podrían intervenir en una planificación sucesoria, si venimos a “planificar” de forma adecuada, podríamos minimizar el coste fiscal considerablemente.

En relación a la transmisión del negocio familiar (persona física) podemos minimizar el coste fiscal de la donación de bienes y derechos minorados por las deudas del negocio (reducción de un 95 % sobre el valor del negocio), siempre que los adquirentes sean el cónyuge o los descendientes y se trasmita la totalidad del negocio empresarial o ramas de actividad autónomas que constituyan negocio por sí mismas, teniendo en cuenta que no computarán a efectos de la aplicación de esta reducción, las inversiones financieras constituidas en otros negocios, ni el dinero obtenido a través del propio negocio.

Para la aplicación de esta reducción deberemos demostrar que en el periodo impositivo anterior al de la transmisión, constituían los rendimientos procedentes del negocio la principal fuente de renta, excluyendo las percepciones procedentes de otras entidades en las que se ostente participación y también den derecho a la aplicación de incentivos para empresa familiar, entendiéndose cumplido el requisito siempre que los rendimientos de dicha actividad económica supongan al menos el 50% de la base imponible del IRPF.

También es preciso que quien adquiera el negocio lo mantenga al menos durante los 10 años siguientes al de la transmisión, salvo que fallezca con anterioridad o se transmita el negocio durante este periodo y con el dinero obtenido se compren participaciones que a su vez cumplan los requisitos de empresa familiar.

Como ya hemos puesto de manifiesto, los supuestos de planificación sucesoria, entrarían dentro de las operaciones fiscalmente protegidas, permitiendo diferir la tributación hasta ulterior venta, es decir, en el IRPF de los beneficiarios no se tributará por la donación, pero ojo, si en el futuro se deciden vender los bienes recibidos, a efectos de determinar la ganancia o pérdida patrimonial se debería de considerar como valor de adquisición el originario y no el declarado a efectos del Impuesto sobre Donaciones.

Uno de los grandes errores que se cometen a la hora de efectuar las respectivas donaciones, me lo he encontrado en numerosas ocasiones, es que se efectúan antes de que el titular del negocio haya cumplido los 65 años y salvo que este último se encuentre en situación de incapacidad permanente absoluta o gran invalidez, se entiende que aún puede continuar al frente del negocio.

Otro de los grandes errores consiste en efectuar la transmisión del negocio familiar una vez tramitada la pensión de jubilación, pudiéndose interpretar por parte de Agencia Tributaria que la gestión de un negocio es incompatible con el cobro de la pensión, por tanto, en aras a evitar esta situación se debería de efectuar la transmisión una vez cumplidos los 65 años y sin haber instado aún la pensión por Jubilación.

A continuación, enumeraré algunos aspectos conceptuales que deben de quedar claros:

Negocio = actividad económica; ordenación por cuenta propia de medios materiales y humanos. (Ojo con el alquiler de inmuebles como actividad económica, pues un empleado contratado a jornada completa, podría ser insuficiente de cara a demostrar actividad económica si el número de inmuebles en expectativas de alquiler es escaso).

Bienes afectos al patrimonio empresarial: Es importante destacar que no es lo mismo adquirir activos para afectarlos al patrimonio empresarial que traspasar activos del patrimonio personal al empresarial, pues en este último caso para aplicar las ventajas fiscales reseñadas, tendría que llevar el bien afecto al negocio más de 3 años a la fecha de donación y más de 5 años a efectos de poder disfrutar de la exención en IRPF.

Para el caso de transmisiones mortis causa los requisitos a cumplir para la aplicación de la reducción del 95% en impuesto sobre sucesiones, son más laxos que para el supuesto de donaciones, dejando de ser exigible como es obvio el requisito de haber cumplido los 65 años, no exigiéndose la continuidad en la actividad durante los 10 años siguientes, pero sí el mantenimiento del valor de lo recibido durante este periodo, pudiendo adjudicarse el negocio ascendientes y colaterales (hasta tercer grado) siempre y cuando no haya descendientes, tomándose para el cálculo de la principal fuente de renta, el periodo comprendido entre el primer día del ejercicio y la fecha de fallecimiento.

En relación a la transmisión del negocio familiar (persona jurídica) podríamos llegar a aplicar una reducción del 95% sobre el valor de las participaciones o acciones evitando la tributación del donante en su IRPF, siempre que los adquirentes de las participaciones sean el cónyuge o los descendientes y las participaciones a donar no provengan de entidades dedicadas a la mera tenencia de patrimonio, extendiéndose como tal, aquellas sociedades en las que durante más de 90 días del ejercicio anterior a la transmisión, la mitad o más del activo haya estado compuesto por valores o elementos no afectos a actividades económicas (descontando las reservas existentes por beneficios no distribuidos generados por la actividad en los últimos 10 años).

La afección a la actividad, como podemos comprobar, es importante de cara a la aplicación de los incentivos a la empresa familiar, pues para determinar la parte del valor de las participaciones que tendrán derecho a dichos incentivos tendríamos que aplicar la siguiente regla:

[(valor de activos afectos-deudas actividad) / patrimonio neto] x 100

Del cálculo de la ecuación anterior obtendríamos un porcentaje que sería el que daría derecho a la aplicación de los incentivos.

En cuanto a la edad en la que debe efectuarse la transmisión para entrar dentro de los supuestos de aplicación de los incentivos, estaríamos a lo dispuesto para la transmisión de negocio familiar (persona física) ya descritos y en relación a la actividad del socio las desarrolladas en funciones de dirección de la entidad deberían de superar en más de un 50% a la totalidad de los rendimientos del trabajo, empresariales y profesionales, no teniendo en cuenta las rentas de capital inmobiliario, los rendimientos que forman parte de la base imponible del ahorro y el resto de rendimientos que forman parte de la base imponible general del IRPF. Si este último requisito no se cumpliera, bastaría con que el cónyuge, descendientes, ascendientes o familiares colaterales hasta el segundo grado lo cumplieran siendo socios, para que se pudiera gozar de las bonificaciones.

Cabe señalar que para el supuesto de transmisión de negocio familiar persona jurídica, estaríamos en cuanto al mantenimiento de la inversión y la edad de transmisión en la misma línea que para el supuesto de transmisión de negocio familiar persona física.

En cuanto a las transmisiones por herencia de las sociedades familiares podríamos aplicar la reducción del 95% en el impuesto sobre sucesiones siempre que nos encontremos en los supuestos detallados para la donación intervivos pero además los adquirentes solo pueden ser el cónyuge o los descendientes y en ausencia de estos también se aplicaría la reducción a ascendientes o colaterales hasta tercer grado que perciban las acciones o participaciones.

Para determinar si el difunto cumplía el requisito de procedencia de su principal fuente de renta se deberán tomar los rendimientos obtenidos entre el primer día del año y la fecha de fallecimiento. Si en lugar del difunto, el requisito se viene cumpliendo por cualquier otro familiar socio de la compañía, se deberá tener en cuenta el periodo impositivo completo anterior a la fecha de fallecimiento. Los herederos deberán mantener durante 10 años el valor de la participación para poder aplicar los incentivos de la empresa familiar.

Pero, ¿Qué ocurre si poseemos participaciones de varias empresas no familiares? ¿Que planteamiento podríamos configurar para estar protegidos fiscalmente?

Actualmente una de las soluciones sería la constitución de una sociedad holding a la que aportar todas las participaciones de manera que sea lo suficientemente activa como para justificar que se constituye por motivos económicos válidos y no fiscales, aplicando el régimen de neutralidad fiscal. Simplemente recordad, que se debe comunicar a la AEAT que se ha efectuado una operación de reestructuración acogida al régimen fiscal especial y que se deben de cumplir una serie de requisitos como los que vengo a detallar a continuación:

- Que no se venda antes de dos años la participación aportada por una persona física en neutralidad fiscal, caso contrario tributaría la renta diferida en la persona física (nuevo artículo 21.4 LIS de entrada en vigor en 2017).

- Que el activo de las sociedades cuyas participaciones se aportan esté en más de un 50% afecto a actividades económicas.

- Que una vez efectuada la aportación, la persona física participe en al menos el 5% del capital social de la holding y las participaciones que se aporten por personas jurídicas a la holding representen al menos el 5% del capital social de cada sociedad.

- Que se efectúe la operación por motivos económicos válidos y no por motivos fiscales, esto lo deberemos demostrar pues la carga de la prueba ante Hacienda recae sobre nosotros.

A menudo me encuentro con supuestos de patrimonios compuestos por inmuebles en su mayoría, algunos de ellos alquilados y otros en expectativas de alquiler, que desde una perspectiva inicial no podrían acogerse a los incentivos de empresas familiares, pero que planificando adecuadamente sí que podrían llegar a acogerse, organizando la actividad de alquiler de inmuebles como si se tratase de actividad económica, pasando de ser meros tenedores de inmuebles sin organización de actividad alguna, a desarrollar la actividad de alquiler como una actividad económica con estructura propia.

Cabe recordar lo ya infinitamente comentado en relación a la actividad de inmuebles en cuanto a la contratación de empleado a jornada completa para la gestión de dicha actividad. Es abundante la Jurisprudencia que avala el hecho de que no solo el disponer de un empleado contratado a jornada completa es suficiente para demostrar actividad económica, sino que por ejemplo, el volumen de inmuebles a gestionar sea importante como para mantener una estructura empresarial para su gestión.

En este sentido, si conseguimos acreditar actividad económica en concepto de alquiler de inmuebles, ya se podrían declarar los rendimientos en el IRPF de la persona física que ostente el patrimonio inmobiliario, como rendimientos de actividades económicas en lugar de rendimientos del capital inmobiliario, debiendo cumplir además que estos rendimientos constituyan más del 50% de la base imponible del IRPF.

Así, una vez transcurridos 3 años, se considerará que los inmuebles alquilados quedarán afectos a la actividad económica de alquiler y se podrán donar aplicando la reducción del 95%, debiendo transcurrir al menos 5 años para que cuando se efectúe la donación, no se tenga que tributar en el IRPF del donante, aplicando los incentivos de empresa familiar.

También, una vez cumplidos los requisitos del párrafo anterior, estando en disposición de aplicar los incentivos de empresa familiar, podríamos optar por aportar los inmuebles a otra sociedad de capital consiguiendo con ello donar participaciones sociales en lugar de inmuebles, evitando problemas de equidad en cuanto a lo percibido.

En este último supuesto, se deben cumplir los requisitos ya enumerados anteriormente en los supuestos de aportación de participaciones a una holding, teniendo en cuenta que el hecho de reestructurar un patrimonio para dar continuidad al negocio en un supuesto de planificación sucesoria, podría constituirse en un motivo económico válido, de cara a una futura comprobación por parte de la AEAT.

Es importante conocer que el tratamiento a aplicar es diferente en cuanto a las retribuciones a computar por parte del transmitente, para el caso de transmisión de negocio o de participaciones sociales, en aras a poder gozar de los incentivos de empresa familiar.

Para el cómputo de los ingresos del transmitente en el caso de transmisión de participaciones, se comparará la retribución obtenida por el desempeño de cargo directivo con el conjunto de los rendimientos del trabajo o de actividades económicas o profesionales obtenidos, sin tener en cuenta los que provengan de negocios que ya cumplan los requisitos de empresa familiar y los que provengan de cargos directivos en sociedades en las que se ostente participación y también cumplan los mencionados requisitos.

Para el cómputo de los ingresos del transmitente en el caso de transmisión de negocio, se tendrá en cuenta, si los rendimientos netos de la actividad económica superan en más de un 50% a la base imponible del IRPF, computándose todos los que provengan de negocios que ya cumplan los requisitos de empresa familiar, no teniéndose en cuenta las retribuciones percibidas por el desempeño de cargos directivos en sociedades en las que se ostente participación y también cumplan los mencionados requisitos.

En transmisiones mortis causa, como ya he venido señalando con anterioridad, gozamos de una ventaja en relación a las sucesiones, pues solo se exige que se mantenga el valor de lo recibido en lugar de que tengan que mantener durante 10 años el patrimonio recibido como ocurre en las donaciones.

Imaginemos que estamos al borde de la jubilación y queremos ceder el testigo a la siguiente generación, al menor coste fiscal posible. Deberíamos de ponernos las pilas ya y comenzar a planificar de cara a obtener un importante ahorro fiscal y evitar posibles problemas a futuro derivados del cambio generacional.

Como todo en la vida, un orden, una planificación adecuada y un tener claro el medio y el fin, nos llevarán a alcanzar los objetivos de una forma más precisa, al menor coste y evitando cualquier tipo de problemática indeseada.

Adelante y animad a vuestros clientes y/o conocidos a que procedan a pensar no solo en el día a día de la compañía sino en el futuro y la viabilidad de la misma, pues el mayor activo nunca debe ser la persona que dirige y/o gestiona sino la propia compañía.

Quien piense que el futuro o la viabilidad del negocio dependen del devenir de una o varias personas concretas es que no tiene una visión de empresa propia de este siglo.

Recibid un cordial saludo,

 

Pascual López Villén

Economista.-

Twitter: @eco12_

Facebook: https://www.facebook.com/pascual.lopezvillen

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